Como cada año, La Velada del Año de Ibai Llanos bate récords en Twitch y YouTube paralizando todo internet. Nos vende el show más grande del mundo de internet, con cientos de famosos y famosas de todas las índoles: influencers, cantantes, actores, artistas... puro espectáculo.
Sin embargo, detrás del hype y los aplausos, el evento se ha convertido en el mayor escaparate cultural de nuestro país. Y como todo escaparate masivo, transmite mensajes: nos dice qué valores cotizan al alza, qué tipo de mujer es la "ideal" y cómo consumir personas como si fueran productos de supermercado.
Si lo analizamos con un poquito de perspectiva desde lejos, la foto que queda es interesante (y un poco preocupante). Vamos a desgranarla punto por punto.
De entre todos los deportes que existen, el núcleo duro de este evento es el boxeo. Un deporte noble, sí, pero cuya premisa básica es dos personas pegándose puñetazos en la cara.
En una cultura donde la masculinidad tradicional se está cuestionando, La Velada del Año vuelve a poner en el centro la fuerza física, la dominación y la agresividad "controlada" como el mayor espectáculo posible. Se disfraza de superación personal y disciplina deportiva, pero el morbo de fondo sigue siendo el mismo: ver quién golpea más fuerte al otro.
Que el evento del año para la juventud gire alrededor de la confrontación física dice mucho de lo que nos sigue entreteniendo como sociedad.
Al final tiene hasta cierto sentido que los hombres tengan el pensamiento intrusivo del Imperio Romano continuamente, si total, tampoco hemos evolucionado mucho desde la época de los gladiadores.
Uno de los puntos más oscuros del evento es cómo se normalizan e instrumentalizan debates ideológicos profundos bajo el pretexto del "pique de internet". El ejemplo perfecto fue el enfrentamiento entre Roro y Abby en la Velada del Año V.
Por un lado, Roro se ha convertido en el rostro visible en España del fenómeno tradwife (mujeres que promueven en redes un rol hipertradicional, enfocado en el cuidado, la cocina y la complacencia hacia su pareja masculina). Por otro lado, Abby representa un perfil de streamer abiertamente feminista y combativa.
Al subirlas a un ring, no solo se organizó una pelea deportiva; se escenificó el enfrentamiento entre el feminismo y el conservadurismo tradicional.
El problema del "lavado de cara":
El movimiento tradwife no es simplemente "cocinar con amor para tu novio". Es una corriente ideológica que rompe con décadas de avances en autonomía femenina, vendiendo la subordinación como un trend bonito y relajante de TikTok. Al premiar y dar voz en una plataforma masiva a estos perfiles, el evento ayuda a normalizar y romantizar un modelo de mujer sumisa que no resulta "amenazante" para la estructura de siempre. Y poner a la feminista a darse de guantazos con la tradwife convierte los derechos de las mujeres en un circo mediático para generar clics.
Este año vuelve a pasar algo similar, con la streamer Samy Rivers, quien por el hecho de ser mujer y streamer, así como por ser presidenta y creadora de su propio equipo en la Kings League de Ibai y Piqué (claramente un espacio masculinizado), no cumple con el estereotipo canónicamente establecido para las mujeres, como el que defiende y promueve la influencer Roro, lo cual hace que el combate y el "pique" vayan mucho más allá de la pantalla, enfrentando nuevamente a 2 tipos de mujeres diferentes y "antagónicas" entre sí.
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Descargar Número 0Aunque las creadoras de contenido entrenan durante meses, se someten a dietas brutales y se suben al ring a recibir golpes reales, la mirada sobre ellas muchas veces vuelve al mismo sitio de siempre: el físico.
Cuando en combates como el de Tati y Marta Díaz se escuchan comentarios del tipo "la pelea de las guapas", se desmantela todo el mérito deportivo de un plumazo. Ya no importa su disciplina, su resistencia ni su técnica: se las reduce a un objeto estético. La narrativa implícita es que el combate masculino es sobre "honor y fuerza", mientras que el femenino es un espectáculo visual para deleite de la audiencia, casualmente, mayoritariamente masculina.
¿Habrían puesto a competir a Tati o a Marta Díaz con mujeres que no fueran canónicamente atractivas, guapas y deseables? Se supone que el boxeo tiene que enfrentar a rivales en condiciones físicas similares (peso y estatura), pero ¿es la belleza un requisito a tener en cuenta también? Claramente, la expectativa de este combate no estaba tanto en la deportividad, el esfuerzo y el combate en sí mismo, como en el hecho de ver a dos mujeres deseables y sexualizadas peleándose en un ring.
Esto me hace invitaros a la reflexión de si realmente todo esto se hace como un "evento deportivo" inclusivo y paritario o si todo eso sirve como tapadera y camuflaje para complacer la fantasía y el deseo masculino.
Para terminar este análisis sobre lo que más me llamó la atención de La Velada del Año VI, no podemos pasar por alto lo de Marta Díaz y cómo el hipercapitalismo de las redes sociales nos ha cambiado la mente. La polémica en torno a la "presentación en sociedad" de su hermana en el contexto del evento es el ejemplo definitivo de la mercantilización humana.
En la era de la atención, ya no solo se patrocinan marcas de ropa, maquillaje o bebidas energéticas: se patrocina a la propia persona como si fuera un nuevo producto en venta.
Las dinámicas de las redes han hecho que la intimidad, la familia y las relaciones personales se introduzcan al mercado exactamente de la misma forma que Apple presenta un nuevo iPhone o cualquier influencer saca su marca de ropa o maquillaje.
La hermana de Marta Díaz pasa de ser un familiar a ser una "novedad de catálogo", un nuevo perfil a explotar comercialmente para mantener la maquinaria del contenido encendida.
Personalmente, me parece muy heavy esto.
Consumimos influencers como si fueran productos de usar y tirar. Ya no hay frontera entre lo privado y lo comercial: todo se empaqueta, se le pone un lazo y se saca a subasta para conseguir retención de audiencia.
Supongo que no estoy yo metida en ese mundillo, ni entiendo el mood, pero jamás presentaría a un familiar mío "en sociedad" como si fuera un producto. Y menos aún siendo mujer. Esto da para otro tema, pero ayuda a normalizar y fomentar la cosificación de las mujeres como meros objetos de consumo.
Que nos guste el entretenimiento no significa que tengamos que tragar con todo sin pensar. La Velada del Año es un evento gigante, divertido y técnicamente increíble, pero también es un altavoz de normas sociales.
Cuestionar qué discursos tienen visibilidad y cuáles no, cómo se trata a las mujeres en pantalla y hasta qué punto aceptamos vender nuestras vidas por un puñado de views es el primer paso para crearnos nuestra propia conciencia sobre lo que consumimos, lo que no queremos consumir y lo que nos gustaría.
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